"Me inicié en los arcanos del rijo con una esquinera de la calle Desengaño, rubia teñida, más bien metida en carnes y muy perfumada, que me chistó, me enseñó una teta y me catequizó sin mayor esfuerzo (…) durante el acto, mi paternaire me tenía abrazado y mientras yo hacía lo que podía ella calcetaba una bufanda para un hijo (…) la lana me hacía cosquillas en la espalda y no faltó nada para que me estrenase con un gatillazo."