La solución es sencilla: para que no acaben explotando por la presión interna, todos los aviones están agujereados. Estos “agujeros” están equipados con una válvula de descarga, que al superar el umbral de presión seleccionado por el piloto, se abren para dejar escapar el exceso de presión del interior del avión. Estas válvulas también se abren completamente al tocar tierra, para igualar la presión exterior con la interior (sino, sería imposible abrir las puertas…).