Sus 211 metros de eslora (en ocasiones se citan 207 o cifras muy similares) y su capacidad para transportar cerca de 4.000 personas hacían del SS Great Eastern la mayor maravilla mecánica de su época. El siguiente navío de por entonces, siguiendo la escala de tamaños, era unas cinco veces más pequeño que él, con lo que, al llegar a los puertos, cualquier otro navío a su lado parecía una minúscula criatura. Su cualidad tecnológica más sobresaliente, además de estar fabricado en hierro, era su sistema de propulsión.