La estatuilla (obra de un escultor local al cual según dicen le gusta experimentar con sus propias heces) lo recibió simbólicamente Faustino López Robles, un pastelero/repostero gay que no siente ningún orgullo de serlo. “Soy maricón, sí, pero no gilipollas, por eso recibo este premio gustosamente y voy a usarlo para romper el escaparate de la primera librería gay que vea”.