Un estudio llevado a cabo por distintas universidades europeas ha logrado arrojar luz al hábito de hurgarse la nariz, cuya razón de ser formaba parte hasta ahora de los misterios inalcanzables por la ciencia. “Nadie goza metiendo la mano en el inodoro para palpar lo que acaba de soltar por el ano y, sin embargo, son muchos los que disfrutan con el tema de los mocos” explica el doctor Ricardo Moreno, de la Universidad Complutense de Madrid.